5 claves del lenguaje positivo

Al lío.

1.Lo positivo atrae. Vale, hasta aquí no hemos descubierto la rueda. Prometo esmerarme más en los otros 4. ¡Pero esto tiene su punto! Leía el otro día que en la Antigua Persia se sacrificaba a los mensajeros que traían malas noticias, y a los que traían buenas, les agasajaban con comilonas y festejos. A ver… tampoco es esto… Pero no hace falta leer muchos libros de psicología para saber que nos gusta más rodearnos de gente que hace bromas, con la que te ríes, que afronta la vida con ganas y ve retos en los problemas que hacerlo de gente que se queja constantemente, critica por doquier y pfff… pereza. Le decía hace un rato a mi hermano que creo que ahí está la clave del éxito de programa de Bertín:

  • Oye macho, ¿y tú de dónde eres?
  • De Murcia
  • Murcia… ¡qué tierra!, ¡qué maravilla!, ¡qué buena gente, macho! ¿Y cuál es tu comida favorita?
  • Los puerros
  • Los puerros… ¡qué cosa más estupenda!, la variedad de verduras y legumbres es fascinante, ¡qué bien los puerros, macho!
bertin osborne
Un macho, macho

Luego una se pone a pensar por qué triunfa entonces Sálvame. Como es algo que nunca entenderé, paso al

Punto dos. Aunque a veces lo parezca, el lenguaje positivo no es característico de gente tonta. Sin acritud, Bertín, que no va por ti ni mucho menos. Pero… ¿cómo se imita a las rubias en los chistes? “Jajaja, ¿síii? ¡qué guay!” El positivismo muchas veces se asocia a la simpleza, al menos en primeras impresiones. He de decir que la gente más inteligente que he conocido en mi vida utilizaba un lenguaje positivo. ¿Simple? Más bien sencillo, eficaz. No estamos hablando de un “¡vamos equipo!” sin ton ni son y meado fuera de tiesto (aunque a veces, dependiendo de a quién te dirijas, funcione), sino de un “francamente, creo que lo estamos haciendo muy bien y podemos conseguirlo”. Porque:

3. El lenguaje positivo tiene contenido. Forma parte de una estrategia. No se trata de sumar exclamaciones y poner :). Al menos no exclusivamente. Se trata de una actitud en el lenguaje (verbal y no verbal -luego vamos con esto-) basada en el pensamiento. Es decir: hay una decisión previa que utiliza el lenguaje positivo como herramienta para implementarla. Que me gusta a mí un ejemplo: pongamos que hay un problema. Algo ha salido mal. La decisión está en el proceso a desarrollar: buscar responsables antes que soluciones o buscar soluciones antes que responsables. La articulación de esta última decisión se traduce en un lenguaje de búsqueda, de equipo, de esfuerzo, de valor. En un lenguaje positivo, que construye. Pero ojo, que

4. Vuelvo a Sálvame. Aun los que no vemos la tele (espero que esto no lo lea ningún cliente ni mis jefes) sabemos de qué va el programa, y sabemos que tiene una audiencia BRUTAL. Aún sin entenderlo del todo, creo que tiene algo de sentido porque el lenguaje negativo seduce, aunque no construya. Hoy en JotDown publican un artículo de Noemí López que asegura que el odio es como el negro, combina con todo. El lenguaje negativo es más fácil, y en el corto plazo hace más gracia. El peligro es no saber detectarlo, no diferenciar la audiencia a la que te diriges, no limitarlo, molarte y acostumbrarte a él.

Miércoles por la noche cuando llegas a casa y saludas a tu pareja:

  • ¡Hola! ¿qué tal?
  • Cansadísimo…

Vale. Es normal.

Casadomo
*Fotografía de casadomo.com

Lunes por la mañana cuando ves a un compañero de trabajo:

  • ¡Hola! ¿qué tal?
  • Cansadísimo…

Vale. Pero martes:

  • ¡Hola! ¿qué tal?
  • Derrengado… Ayer salí a las mil, he dormido fatal…

Bueno, volvamos a intentarlo el miércoles:

  • ¡Hola! ¿qué tal?
  • Pfff… agotado.

El jueves y el viernes le pregunta Rita.

Para llorar hay un cuarto
*Las fotos de monetes son patrimonio de la humanidad

Y 5. ¿Con un lenguaje positivo se nace o esto se hace? Sí, hay un factor importante educacional. Si en tu casa y en tu grupo de amigos más íntimos el lenguaje que impera es positivo, esa es tu tendencia. Pero si no lo es, y quieres, puedes modificarlo. ¿Cómo? Lo siento, Cuatro, pero dicen los expertos que 21 días son insuficientes, que se necesitan 66 días para adquirir un hábito. Aun así, no parecen demasiados.

Punset, que es un hombre con el que me casaría alegremente, suele decir que hay formas muy concretas de provocar la positividad. Por ejemplo, en cuanto al lenguaje no verbal, dice que la alegría puede llevarte a la sonrisa pero que la sonrisa también puede llevarte a la alegría (por una movida muy loca de hormonas, supongo que endorfinas, que segregas y demás) (me quiero casar tanto con él que hay veces que no me quedo con lo que dice y sólo le miro con cara de amor). Prueba 66 días a sonreír más y probablemente eso te conduzca a estar más contento y adquirir ese hábito.

Sospecho que con el lenguaje verbal pasa lo mismo: prueba a no quejarte, a no criticar (que no a no ser crítico) y a no cargar negativamente tus conversaciones durante esos días y probablemente las cuestas no sean tan duras. Gracias, muy bien, sigamos, qué bonito, claro que se puede, ¡buenos días!… palabras y frases que marcan un rumbo que cuando se desvía puede también corregirse: es verdad, ¿qué hacemos para solucionarlo?.

66 días desde hoy es el 11 de mayo. Inténtalo y me cuentas. Si el resultado es positivo, yo, que soy rubia, te diré: “Jajaja ¿Síii? ¡qué guay! :)”

Merecido homenaje a la siesta de los viernes

Imagina que conociste hace un mes a un chico/chica. Que te gusta, te encanta, te rechifla, te enloquece. Que acabas de entrar en la estación de tren. Vienes de trabajar, cansad@, y es el último viernes antes de navidad. Mientras entras en la estación de tren ves a familias enteras recibiendo a sus seres queridos con pancartas y caras de absoluta felicidad, con los mofletes rojos llenos de amor. Mientras bajas la maleta miras por la ventanilla y ves abrazos y besos eternos. Que coges tu maleta pensando que el lunes será tu último día de curro y que volverás a tu tierra, y será entonces cuando te reciban así. “Bueno, quizá no lo hagan, pero molaría“. Sales del vagón y… allí está… sabía más o menos a qué hora llegarías porque has ido hablando con él/ella en el viaje y… allí está. Sonríes con vergüenza y una felicidad infinita. Bajas y viene hacia tí lentamente, con la misma sonrisa cómplice. Os besáis y el reloj de la estación se para.

Bueno, pues eso es una puta mierda comparado con la belleza de la siesta de los viernes.

Siesta Monetes

Una tortilla en su punto, la primera vez que ves a tu hijo, una subida de sueldo, un Whatsapp de tu ex cuando tú estás con otr@, una barbacoa con amigos en la playa, que te contraten como catador de vinos, que la yema de tu huevo frito quede en su punto, una ducha caliente después de correr… nada, NADA, es comparable a la siesta de los viernes.

Despertarse por la mañana en la confianza de que ese momento va a llegar, el nerviosismo previo a tumbarse, la mantita, dormirte con sonrisa y despertarte como si no hubieras aprendido a sumar en tu vida… feliz… FELIZ!!

¿No merece eso un homenaje? ¿No merece algo tan bonito y conmovedor un reconocimiento social?

Sumáos a la lucha, camaradas. Por el reconocimiento social de la felicidad, por la exportación del bien… ¡Monumento a la siesta de los viernes YA!