No me gusta el anuncio de la lotería

Ea. Ya lo he dicho.

“Ay… pues yo lloré…”

Poco me parece. A mí me produjo tal desazón que estuve tres días en cama.

Ya lo habréis visto, pero se trata de que Manuel, un vecino de Villaverde que vive en un edificio que es una espantajería pero que por dentro es increíblemente enorme y tiene un salón decorado como una sauna gay con una lámpara que da escalofríos, no ha comprado la lotería en el bar al que suele ir (el Bar de Antonio) y va y toca.

Análisis previo: ¿Por qué Manuel no ha comprado la lotería? 

Este tema, que es el que debería preocuparnos a todos, se ha pasado por alto. Cuando se marcan unos plazos, se entiende, se trata de que se cumplan. Yo nunca lo he hecho, por ejemplo, en mi esfera privada, y se me caducó una caja de regalo del SmartBox. Ojo, que no lo digo con orgullo, lo digo porque SmartBox no ha venido a decirme que lo entienden con una sonrisa de oreja a oreja. No. Me jodo y me quedo sin spa. ¿Por qué? Porque no he cumplido los plazos.

El plazo marcado en el caso de la lotería de navidad tiene un deadline más que claro, Manuel, MÁS QUE CLARO, que es el día del sorteo. ¿Y cuándo da comienzo el plazo? En octubre, Manuel, EN OCTUBRE. Dos meses, Manuel, DOS PUTOS MESES has tenido para darle al bueno de Antonio SUS veinte euros. Por la relación íntima que se dibuja en el anuncio podemos adivinar que en esos DOS meses has ido a ver a Antonio más de una vez. Probablemente le hayas contado, entre cerveza y cerveza, tus cositas del curro, tus movidas con la parienta, que si el Atleti este año no gana la liga, que el Pablo Iglesias ese se cree que esto es Sudamérica, que sí, que es muy raro, Antonio, que hizo calorazo hasta octubre y dicen que en navidad va a nevar DESMEDIDAMENTE en Villaverde… ¿Para eso sí hemos tenido tiempo, no, Manuel? ¿Para eso sí? Pero para decirle: “Ay, Antonio, que se me ha vuelto a olvidar, espera un segundito que voy al cajero y saco los 20 eurillos de la lotería”, no. Bien.

¿Qué pasa en Villaverde con las bicis cuando nieva?

Porque no es una, no, son dos. En el camino que recorre Manuel desde que sale de ese edificio tremebundo en el que cohabita con su esposa hasta el bar del bueno de Antonio, que debe ser una calle, se encuentra con DOS bicis (como DOS meses, Manuel, DOS) abandonadas y nevadas hasta las trancas.

Bicis Villaverde
Algo pasa en Villaverde con las bicis cuando nieva

Y eso no se lo cuestiona nadie. O sea, que en Villaverde, en cuanto caen los primeros copos, la gente que va en bici la abandona ahí a su suerte, a lo loco, en la primera esquina que se encuentra. Sin candado. ¿Para qué? ¿Si en Villaverde nadie se ha llevado nunca nada que no es suyo? Ah, sí, Manuel lo hace. Porque esa lotería, Manuel, ESA LOTERÍA, no es tuya.

La música

“Glacier”, de James Vincent McMorrow. Perfecta para un anuncio de la DGT. ¡Perfecta! Esos agudos que levantan el estómago… ¡Perfecta! La primera vez que vi el anuncio, de hecho, pensé que en algún momento de la conversación entre Antonio y Manuel se iba a parar el plano del bar y sacarían cómo fuera se estampaban un camión y un vehículo familiar. Pero no. La tragedia ocurre dentro.

Antonio hace esto porque le obliga su mujer

“Mira qué cara de felicidad tienen, Manu, míralos, MÏRALOS”. Une eso a la toba que le da en el recibimiento Antonio a Manuel: “Manuuuuu…. ¿una copita? ZAS” Antonio le tiene ganas. Antonio a Manuel le tiene ganas y con toda la razón del mundo.

Cánticos celebrativos

“Nos ha tocado el gordo, nos ha tocado el gordo” Así, tal cual. ¡Que sentido tiene, ojo, porque si os ha tocado el gordo podéis decirlo y gramaticalmente es correcto! Pero si a mí me toca el gordo, no sé, llamo a mi madre, a mi jefe para comentarle unas cosillas, grito yupi individualmente o, puestos a hacer un cántico colectivo, lo elaboro algo más, ¿no?. “Ete, ete, ete, aquí ha tocau Falete” o algo…

Y lo más importante: ¿Qué va a hacer ahora Manuel con la pasta?

Que es lo que más me cabrea. Sólo hace falta verle la cara:

Manuel
El jujas del Manuel

Manuel es un triste, eso lo saben hasta los chinorris. Y el bueno de Antonio le va a dar SU dinero para que Manuel lo invierta, vete tú a saber, en Gowex porque últimamente ha oído hablar mucho de ellos o en una academia de inglés que acaban de abrir debajo de su casa y que va a descubrirse que en realidad era una tapadera, como tarde, en marzo. El dinero que le sobre no lo va a ahorrar. Va a destinarlo a hacer cosas de triste, no sé, descargarse aplicaciones de pago para el móvil que no sirven para nada. Pero no va a ahorrar ni 20 eurillos para pagarle la lotería a Antonio en el 2015 y eso lo sabemos todos. Porque Manuel no es trigo limpio. No lo es.

Y la gente aplaude y se enternece con un homenaje a los sobres en negro, la bondad que cubre el mal hacer de otros, las bicis sin atar, los cánticos mal pensados, la zalamería y la picaresca. Y por eso en este país triunfa Melendi, nos roban a espuertas, los buenos nunca ganan y todos nos reímos de todo en el twitter. Por culpa de Manuel.

Antonio: en algún momento de la historia se te hará el monumento que te mereces. ¡Santo! ¡que eres un santo! Tú ten paciencia…

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