Dale una vuelta

Remontémonos a 1965. En su casa de México D.F. Gabriel decidió asumir su siguiente reto. Se sentó. Cogió su pluma y un folio en blanco y comenzó a escribir: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo…”. Lo miró. Lo releyó y pensó: “¡eh! ¡lo peto!”

Cogió el folio y mientras en su cabeza iba pensando: “Arcadio, Aureliano, el hielo, ¡Melquiades en Macondo! sí, sí, ¡lo peto!” fue corriendo a buscar a su mujer, que estaba con el recién nacido Gonzalito en sus brazos:

– ¡Mercedes! ¡Lo tengo! ¡Lee!

– Ay Gabo… ahora no… déjamelo encima de la mesa y luego lo miro

Gabriel lo dejó, apenado pero ansioso, con la ilusión interna de saber que ESO estaba bien. Salió al pasillo. Miró el reloj. Volvió a mirarlo porque no había visto la hora en su primer intento. Asomó la cabeza y vio que Mercedes seguía acurrucando a Gonzalito. Tosió, o carraspeó o hizo un sonido para que la buena de Mercedes supiera que… “vaaaale. Voy”. Volvió a entrar mientras su mujer leía. Y se hizo el silencio. Gabo miró a los ojos de su esposa mientras ella levantaba la vista con el entusiasmo de un niño cuando le enseña a su madre el 10 en matemáticas que le acaban de poner en el cole. Pero Mercedes volvió a coger a Gonzalo y dijo:

– Gabo. Mal no está. Pero dale una vuelta…

Gonzalito
Gonzalito vivió la escena

Dale una vuelta: ese gran clásico del cine de terror. Un proceso de entusiasmo cortocircuitado que conduce al desconcierto, a la frustración, al “¿pero qué quieres de mí?”.

Lees, relees. No hay pistas. No hay un “es en el párrafo 5º” ni siquiera un “buscaba algo más general”. No. Sólo hay un vacío, un “prueba”, un… “dale una vuelta”. Uffff.

No sufras. A los grandes también les pasó. Si tu jefe te acaba de poner en las narices esa maquiavélica frase y no sabes qué hacer, aquí tienes algunos briconsejos que no te van a ayudar en nada pero que quizá te permitan no sufrir más de la cuenta:

Tu jefe no tiene ni idea de qué quiere

Eso es así. Te ha pedido que lo hagas y te ha transmitido la idea de que es fácil y en su cabeza está clarísimo, pero es mentira. De hecho, ni puta idea tiene. Lo que necesita es que le descubras por dónde tirar, pero es jefe y no puede reconocer que espera que tú le des la idea que él no alcanza a tener. Así que no te acomplejes, sólo echa 20 céntimos más de paciencia en la tragaperras, que igual en una de esas se alinean los planetas, salen los tres melones y tu jefe, o tu cliente, que nunca te dirá “ahora sí… esto está genial”, te dice: “déjalo. No te preocupes. Esto ya lo termino yo”. Que viene a ser lo mismo.

“Haz un go around”

Será la evolución del término en los próximos años. Así como el “a ver, ¿qué quieres?” pasó a llamarse briefing o el “tira de archivo” ahora se llama know how, el “dale una vuelta” (ufff, pelos de punta) evolucionará. Existe en la sociedad la equivocada idea de que darle una vuelta a algo para que le guste a alguien que te acaba de decir que le des una vuelta a algo exige de tu esfuerzo, de tu concentración, de volver a pensar y repensar, reorganizar… O no. Hay días en los que dar una vuelta es volver a enviar el mismo documento pero dos horas más tarde. Otros en los que darle una vuelta es cambiar el punto 3 por el 5 para despistar o ponerle una portada nueva y más reshulona. La clave está en no agobiarse, que para hacernos sufrir ya está Hacienda.

Nadie conoce a tu jefe mejor que tú

Ni su mujer, ni la amante, ni los hijos que comparte con ellas. Nadie. Porque ellos le admiran, y la admiración contiene cierto componente de cariño que ciega. Juega con ello. Nunca muestres tus cartas. Jamás un “es que… José María… yo… no creo que ninguno tengamos claro que…” ¡Jamás! Un: “Por supuesto. Me pongo con ello, José María. A ver si en la siguiente ya puedo conseguir algo parecido a lo que harías tú”, será mucho más eficaz. Cuando la mentira es eficaz, sube el ego del otro y a tí te permite salir antes, no se llama mentira, se llama “savoir faire. A partir de ahí: si a tu jefe le gusta la times new roman, ¡a por ella! “no… es que yo soy más de calibrí…” No estás entendiendo nada, muchacho. No ha colado a la primera y él tiene el poder: claudica por el bien de todos. Si le gusta el wordart, llegados a este punto, a tí también. Por ahí van los tiros.

Sírvame de patente la publicación de este post para demostrar que cuando alguien haga una red social que ponga en contacto a víctimas de esa frase para dar una vuelta al documento de otro de manera recíproca, aunque no tenga ni remota idea de qué va la vaina, tendrá que pagarme. Una red social fundamentada en el anonimato y la buena intención. Porque cabe la posibilidad de que lo que hayas hecho, francamente, no haya por dónde cogerlo. Y entonces el otro te dirá: “dale una vuelta también puede significar… dale una vuelta”.

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