Línea recta

Es la más corta entre dos puntos. Y es por donde hay que ir.

No se trata de buscar lo fácil, sino de hacerlo fácil. ¿Que te necesitan? Vas. ¿Que te piden? Atiendes. ¿Que hay que…? Se hace. Ahí. Que pin que pan. Pero sabiendo de dónde vienes y adónde vas. Rectilíneo.

¿Lo contrario? Los curvos… que… ufff… cómo decirte… pues sí, pero no… pero claro, y si… es que yo no sé si… quizá, quizá, quizá.

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Los curvos, en principio, pueden parecer interesantes. Son personas inteligentes, no carismáticas, pero sí de esos que producen curiosidad. Aléjate. En serio, aléjate. O en la que te despistes te verás barajando 101.000 posibilidades para contestar a la pregunta: ¿todo bien? Porque todo se pega menos la hermosura. Y empezarás a pensar qué pensará el otro si tú dices que has pensado que… pero si no lo dices será como admitir que pensaste que… y ufff… cómo decirte… Aléjate. En serio, aléjate.

Ya lo decía Freud: “A veces un puro, es solamente un puro”

¡Ojo! Que tampoco se trata de ser prepotente. Se trata de ser potente, sin pre. Simple, sencillo. Dios bendiga la normalidad. Qué fácil es hablar de lo fácil como si fuera fácil.

“Hay que entenderle. Todo lo que hace viene de sus carencias afectivas”

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No se trata de aislar a los curvos, sino de hacerles ver que hay una línea recta, de acompañarles hacia ella, si se dejan. Que ser hipocondriaco hasta con las virtudes no conduce a nada. Ayudarles a descubrir que “miedo” es el auténtico antónimo de “felicidad” (como bien dice Punset, el curvo más rectilíneo sobre la faz).

Y los mejores. La élite de los rectilíneos. De los que hay que tener cerca:

True Man Capote

Yo conozco a uno. El auténtico hombre capote. Son rectilíneos con un don: sacar capotes invisibles a los ojos de los curvos y llevarles hacia la línea recta. Suelen caracterizarse por su inteligencia, sentido del humor, y habilidad. No se ríen de los curvos, ¡todo lo contrario! El cariño más auténtico es ir en paralelo, no cargando con el otro. Y de broma en broma, que si un hachazo con sonrisa, que si un quiebro cuando el curvo intuye el capote… De vuelta al redil.

Que en la edad del pavo tiene hasta su gracia. Pero como toda edad, hay que saber cerrarla. ¡Qué sería de nosotros si los de la del bronce no hubieran superado la de piedra! Y para cerrar este post, citados ya varios grandes como Freud, Punset o Truman, no puedo por menos que apoyarme en un argumento de autoridad digno de admiración y sin turno de réplica. Como dirían los Estopa: “Tira p´alante, tira p´alante”

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